Matar el tiempo o aprovecharlo.

Escrita por el 16 may, 2020 de Blog | 0 comentarios

reloj de arenaEstamos en este tiempo de encierro y voy viendo las muchas quejas y las muchas propuestas para sobrellevar el tiempo de encierro: series de tv, pelis, programas; las televisiones aprovechan para captar más televidentes, las redes sociales echan humo repletas de memes y chistes y jamás las ventanas han estado tan limpias: el aburrimiento es como un fluido que va impregnando la cotidianidad.

Y de pronto me acordé de Newton. Sí, Isaac Newton. En 1665, en Londres, donde estudiaba, se declaró una epidemia de peste y tuvo que regresar a tu casa. Regresó a Londres cuando se declaró extinguida, pero hubo un rebrote y tuvo que regresar. Cierto que no había ni televisión, ni internet, ni todo lo que le acompañaba. Pero había libros. Y él tenía muchas cosas en la cabeza. Durante su confinamiento, ¿qué salió? El método de fluxiones  (hoy llamado cálculo matemático), la teoría de los colores y las primeras ideas sobre la atracción gravitatoria, relacionadas con la permanencia de la Luna en su órbita en torno a la Tierra. No está nada mal, ¿verdad? Prácticamente todo el contenido del legado científico que nos legó.

Bueno, no quiero exagerar y no voy a exigir, ni pedir que de este tiempo de confinamiento todos demos un impulso crucial o revolucionemos la física; pero creo que se nos coloca ante una disyuntiva: ¿qué hacemos con el tiempo? ¿Lo matamos o lo aprovechamos?

La televisión es un perfecto aturdidor. Acalla nuestra voz interna y rompe el espejo de nuestra conciencia. El ejercicio está bien y es excelente para mantener nuestro cuerpo engrasado; pero cuando lo llevamos al punto de pretender matar el tiempo, también ocupa distrayendo nuestra mente. Y las redes sociales, a veces repleta de tonterías que nos hacen pasar el tiempo en una real fuga hacia adelante.

El encierro va para largo. Y tal vez algunos tengamos asuntos pendientes o proyectos por abordar. O tan sólo libros en una larga lista de espera.

O tan sólo evaluar lo que hago y equilibrarlo con lo que quiero.

Nadie debe decir a su prójimo lo que tiene que hacer, o leer, o escuchar…

Pero, una pregunta: ¿qué quieres ser cuando salgas de tu casa tras el encierro?

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